Texto: Anxo Barreiro
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| Peregrino a Santiago |
Camino de Compostela, buscando la paz interior, utilizando cualquier medio para el traslado, ya sea caminando, a caballo, en coche o bicicleta, es preciso prever los momentos de descanso y aseo y aquellos necesarios para comer algo y reponer fuerzas.
En los siglos pasados existían hospitales (centros de hospitalidad) que se ofrecían como espacios donde los peregrinos podían descansar y comer durante un tiempo limitado, y en los que se prestaban cuidados a heridos y enfermos.
Los caminantes, no obstante, también podían recurrir a las posadas públicas o aprovechar la benevolencia de determinados particulares que abrían las puertas de su casa a algunos peregrinos o, en todo caso, les permitían descansar en alguna construcción privada complementaria a su vivienda, como era el caso de los pajares, almacenes, cuadras de animales o simples cobertizos, donde se habilitaban camas con sólo un haz de paja o hierba seca que servían como lecho a quienes habían de continuar su peregrinaje al llegar la madrugada.
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| Fuego con leña de roble ardiendo, para los asados que demanda el peregrino. Santamariña, Palas de Rei (Lugo) |
La recepción hospedera incluía muchas veces un trozo de pan de la casa y una taza de caldo o leche completamente caseros. Las disponibilidades eran humildes, pero satisfactorias. La humildad y los buenos deseos eran la expresión habitual en los contactos que formaban parte de este recorrido peregrino.
Los hospitales y monasterios eran los recintos oficiales con mayor presencia en el Camino. Eran atendidos por pastores de la Iglesia cristiana, curas o monjas que los gestionaban como centros de caridad. Creados desde la misma Roma, casi siempre encontraban financiación para su mantenimiento por parte de grandes acaudalados que legaban sus propiedades y dinero a cambio de oraciones e indulgencias que les librasen de las penas del infierno.