Texto: Alba López
El Camino de Santiago es un largo recorrido que une a los creyentes cristianos y otras personas de inquietudes culturales con la ciudad compostelana, la que fuera Capital Europea de la Cultura en 2000, junto con ciudades de Francia, Noruega, Italia, Bélgica, Polonia, Finlandia, Islandia y Republica Checa. Los habitantes de todas ellas son caminantes frecuentes en la ruta hacia Santiago.
La Ciudad de Santiago de Compostela permanece en el recuerdo de quien la visita: su zócalo urbano, el ir y venir por las calles empedradas, el encanto de sus locales comerciales, de restauración y los de copas de vino tertuliano o noches de diversión. Son locales llenos de historia, plasmada en su arquitectura, sus usos culinarios y el ambiente que se aprecia en su interior, animando a los visitantes que se acercan desde cualquier rincón del mundo a compartir sus experiencias. Allí surgen miradas que dialogan con las formas arquitectónicas y el silencio de las plazas, o con el sonido armonioso de campanas que llaman al reposo espiritual de quien mira y escucha el aire, que crea ideas para volver a su imagen cincelada en la añoranza de otros momentos.
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| Arquitectura de las calles de Santiago |
Esta ruta de Compostela creció y se labró a través de los tiempos. Sus formas sinuosas y la serenidad de sus paisajes, sus variables culinarias y el sosiego que produce la mirada cruzada con los habitantes que salen al encuentro del caminante o la intimidad de los templos situados en oportunos enclaves para que todos puedan disfrutar de su calidad artística o espiritual, son algunas de las claves que conforman el escenario.
Sobre este largo camino, inscrito en la topografía de los tiempos, fueron grabadas experiencias y recuerdos en los que se asienta una riqueza universal. Su recorrido evoca recuerdos de leyendas, batallas, creencias, ilusiones, solidaridad, mitos, poder y miseria, que la historia fue registrando y que podemos recordar siguiendo la secuencia de los escritos que los propios protagonistas dejaron como legado.
Transcurridos casi mil años desde la presencia de Cristo, se hacía preciso crear referentes que permitieran consolidar la expansión de la Iglesia cristiana. Para ello, recurrían a la predicación del evangelio y a la presentación de milagros y muestras de poderes celestiales y acciones de represión y eliminación de adversarios que dificultaban la estabilidad de su organización dogmática. Algunos de los mensajes y anécdotas destinados a fortalecer la fe cristiana se relacionan con este camino, forman parte de su lenguaje y de los pasos de su historia.